Por Juan Ernesto López
Entre las inhumaciones indígenas que se realizaron en las islas que pertenecen a este Partido y en el yacimiento conocido como "de Tajíber", y las realizadas en la actual necrópolis municipal existe un considerable intervalo de tiempo en el que queda comprendido el período colonial hispánico y la mayor parte del primer siglo de nuestra historia nacional. Ello, se debe sin embargo, no a la falta de asentamiento poblacional, sino a la tardía autonomía administrativo-religiosa.
Efectivamente, en 1885 es creado el Partido de Campana, con cabecera en la localidad homónima, la cual había sido fundada diez años antes por los propietarios del latifundio, el Doctor Eduardo Costa y su hermano Don Luis Costa. En ese mismo año también es bendecido el primitivo templo parroquial y se instalan el Juzgado de Paz y la Municipalidad; para la atención de los numerosos vecinos y las prósperas actividades rurales y mercantiles. Es así que desde la formación del núcleo poblacional en lo que se denominaba "Rincón de Campana", hasta fines del siglo XIX, los vecinos fallecidos fueron sepultados en el cementerio de Capilla del Señor, cabecera del Partido de Exaltación de la Cruz, del que se desmembró el de Campana, en forma similar al proceso que tres décadas antes había emprendido el vecino Partido de Zárate; cuyo cementerio primitivo también recibió los restos de algunos vecinos de Campana, especialmente los fallecidos en la década comprendida entre la fundación del Pueblo de Campana en 1875 y la habilitación de su cementerio propio en 1886, como consecuencia de la creación del Partido, del Gobierno Municipal y de la Capellanía.
Fue así como a instancias del municipal Marcelino Sívori, en la sesión del 7 de Enero de 1886, la Comisión Municipalidad resolvió por unanimidad la instalación de la necrópolis; no obstante carecer de tierras de propiedad municipal, por encontrarse arrendadas las periféricas al ejido urbano, al Sr. Melitón Panelo, éste se sumó al proyecto participando con los miembros de la Municipalidad en la elección del terreno adecuado. El 29 de Enero dicha corporación resuelve cercar el predio escogido.
El lugar se encuentra con frente a la Avenida Luraschi, prolongación de la Avenida Balbín, después de cruzar la ex Ruta Nacional Nº 12, hoy Nº 6, dando su fondo a la Ruta Nacional Nº 9 (Panamericana), encontrándose frente a sus puertas un añoso monte de tipas que transmiten al lugar una sensación de sosiego y descanso.
A mediados de Mayo de 1886 ya se habían levantado los muros periféricos y el 15 de Julio se colocó el portón de entrada, y posteriormente se construyó una habitación para el sepulturero que fue nombrado a fines de ese mes. Pero había comenzado a funcionar en los primeros días del mes de Marzo de ese año, con la inhumación de un vecino apellidado Viola.
Aquella medida no podría haber sido más oportuna, ya que en Noviembre de 1886, ante la sospecha de una posible e inminente epidemia de cólera, se crea un lazareto en la plazoleta que hoy se halla frente al cementerio; situación que se confirma durante el mes siguiente y que se extiende durante varios meses de 1887. Resultaron víctimas fatales más de 60 personas, y sus cuerpos fueron trasladados al cementerio en un carrito de pértigo, conducido por el obrero municipal conocido vulgarmente como "el negro Leopoldo".
El 6 de Abril de 1888, a tan solo dos años de la habilitación del cementerio, el Honorable Concejo Deliberante, en uso del poder de policía mortuoria que detentan los municipios, sancionó la primera Ordenanza que reglamentaba la inhumación de cadáveres estableciendo plazos previos para la sepultura y condiciones sanitarias especiales cuando el deceso se debía a enfermedades contagiosas.
A principios del siglo XX el cementerio funcionaba con toda normalidad, pero su predio no era de propiedad municipal, por imposibilidades jurídicas que, hasta ese momento habían impedido la libre disponibilidad del mismo. Por tal motivo, el 7 de Agosto de 1901 el Honorable Concejo Deliberante resolvió solicitar la donación, o en su defecto la compraventa del mismo, al fundador Don Luis Costa, quien le expresó su favorable respuesta al Intendente Municipal Don Martín Castilla.
Con esa nueva situación jurídica, en Julio de 1902, el ingeniero municipal efectuó el trazado del plano del cementerio, a partir del cual comenzaron a realizarse las primeras sepulturas de cierta importancia, muchas de las cuales aún se encuentran intactas, en un sector enmarcado por bóvedas y desniveles que demuestran que hubo varias ampliaciones del perímetro alrededor del predio original. De esta época datan sepulturas singulares como el templete de la familia Viale o la columna coronada de un busto dedicada a Bartolomé Ferrero fallecido en 1908.
Luego de trasponer el edificio de entrada realizado en líneas modernas, construido en la primera mitad de la década de 1970, en el que se encuentran a sus lados la administración y un altar, al pie del cual descansan los restos de tres párrocos que marcaron época en Campana; como lo fueron, el primero que desempeñó esa función entre 1893 y 1900, el Pbro. José Viola, fallecido en 1915; el Pbro. Luis V. Roza que falleció en 1964; y Mons. Luis Ángel Fabris, desparecido en 1991; continúa una avenida flanqueada por antiguas bóvedas en las que se reconocen los nombres de muchas calles de Campana, como Jacob, Coletta, Dellepiane, por solo nombrar algunos; y dos antiguos panteones sociales, el de la Sociedad Española de S.M. construido en 1912, con un gran ascensor en su interior para descender a los varios niveles subterráneos; y el de la centenaria Sociedad Cosmopolita Obrera de S.M. que se distingue por su altura. En ese sector también se levantan los mausoleos más elegantes, entre los que cabe mencionar el de la familia Posse cuyo diseño fue realizado por el célebre arquitecto Alejandro Bustillo.
Como ya se dijo, a lo largo de su existencia, el Cementerio de Campana ha experimentado numerosas ampliaciones de su perímetro, y también el Municipio ha encarado obras de infraestructura, entre las que merece mencionarse el osario público de muy antigua data y las diferentes galerías de nichos. La primera de ellas data de mediados del siglo XX e introdujo el primer columbario de la necrópolis; siendo su edificio apto par albergar la morgue municipal creada en la década del '80, que actualmente se encuentra bajo la jurisdicción del Poder Judicial.
Otra de las obras municipales de mayor importancia es el Pabellón de rampas, enteramente realizado en hormigón a la vista, con dos niveles, construido a mediados de la década de 1960, con una capacidad de casi 1.300 nichos, algunos de ellos dobles. A este pabellón se sumaron las galerías cuyos fondos dan a la Ruta Panamericana, que fueron edificadas en 1976. En los últimos años se erigieron los mausoleos más importantes de la necrópolis, en los cuales anualmente la comunidad y sus dirigentes rinden homenajes públicos. Ellos son, el que guarda los restos del Ingeniero Agostino Rocca, fallecido en 1978, declarado Ciudadano Honorario de Campana, fundador de la importantísima acería Siderca, y líder del grupo Techint en la Argentina, quien contribuyó extraordinariamente al engrandecimiento de este distrito y dejó marcada esa línea en sus descendientes. La sepultura es de líneas sobrias y modernas pero con materiales de calidad y se encuentra rodeada por un colorido jardín. El otro, es el que, con motivo del centenario de Campana en 1985, el Municipio levantó en memoria de sus fundadores: el Doctor Eduardo Costa (1823-1895), quien fuera un destacado hombre público, Ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública del Presidente Mitre, y su hermano Don Luis Costa (1826-1902) quien ocupó los primeros y más altos cargos públicos del flamante Partido, además de haberse desempeñado como legislador y diplomático. Ambos fundaron Campana con una insuperable visión de futuro, como si hubieran soñado, en aquellos días en que todo estaba por hacerse, la pujante realidad de esta Ciudad. El sepulcro es de características monumentales, en lo que respecta a la cruz que lo preside (originalmente de más de 9 metros) y al espacio que lo circunda; cuenta con los respectivos bustos, pero la carencia de detalles y la calidad de los materiales no se corresponden con su función. El mismo se encuentra emplazado en un amplio espacio, reservado para tal fin, por una descendiente de la familia, Doña María Luisa Margarita Costa de Bracht, cuando donó al Municipio, en 1953, una superficie mayor que se encontraba lindera a la necrópolis.
El crecimiento poblacional y el dinamismo de la economía, entre otros motivos, han generado un cambio notable en el manejo de muchos cementerios, siendo éste uno de los exponentes de dichas innovaciones, toda vez que cuenta con un pabellón, denominado "Santa Florentina" (Patrona de Campana), sobre el que la Municipalidad otorgó en 1996 una concesión por 25 años renovables sobre un sector del terreno, a una sociedad privada, con el fin de que construyera y administrara por su exclusiva cuenta un pabellón de nichos, el que funciona con sus propios plazos de alquiler y percibe expensas por el mantenimiento de los espacios comunes. También es de destacar en este sentido que, el Cementerio de Campana cuenta con un espacio físico reservado para el futuro emplazamiento de un crematorio, que funcionaría igualmente por concesión privada.