Los Carnavales en Campana
Pedro Gatti nos recibe en su casa. Un zaguán y miles de historias de las cuales muchas de ellas nos esperan en su ya famoso Museo del Anticuario que se encuentra “acá a la vuelta”.
Con el emprendimiento de los dueños del Bar Los Muchachos, Tropicana Club y el Cine Campana se organizó en el año 1969 el Corso de la Avenida Rivadavia; así fue que nuestro anfitrión Pedrito, Toto Bastanzo y Angelito Artieri hicieron un aporte muy importante para la alegría de ese Campana Pueblo.
Los números de la noche fueron unas comparsas de Buenos Aires conformadas con los primeros “Travestis” de la época y una que otra murga de nuestra ciudad que venía de una alta cultura carnavalesca. Con entrada libre y gratuita el corso logro la importante asistencia de más 6.500 personas, por eso y con el permiso del municipio se pudo cobrar en el resto de los días, una entrada para poder seguir realizando los eventos. Miguel y Alberto Rímoli, Cholo Tumier y Nelson Paladino formaban parte de la patriada por la ilusión donde el público asistió de a miles.
La gente disfrazada, las calles llenas de “mascaritas” y la aparición del “Trencito de la Alegría”, mismo transporte que acompañaría a los campanenses por más de 30 años. Niños y familias enteras recorrían la ciudad durante los fines de semana y en plena temporada el tren seguía con su noble tarea en la ciudad veraniega de San Clemente del Tuyu.
Pero Pedro nos cuenta también sobre otros carnavales, de los cuales cobija fotos muy bien conservadas en su museo.
Aproximadamente en 1940 los carnavales eran Municipales, y se hacía en la Calle Real (empedrada), donde se manifestaba una de las mayores fiestas campanenses, la gente era parte esencial de la movida, se disfrazaba, iba a los bailes y participaba de cada uno de los festejos como si fuera su propio cumpleaños.
“Veíamos bandadas de mascaritas que venían del lado del Club San Lorenzo. Se dirigían a los asaltos y bailes que duraban hasta las 9 de la noche, horario estricto del comienzo del corso; generalmente los bailes eran en el West Indian lo que actualmente se conoce como el Club América” (…) “la gente en los corsos tiraba cantidades enormes de serpentinas, a tal punto que los carros alegóricos se trababan y debían desviarse de su recorrida para poder liberar las ruedas y al final de la noche solían armarse algunas escaramuzas porque los globos y baldes de agua eran arrojados indiscriminadamente ” explica fascinado Pedrito. Por último se queda pensando, revolviendo es su cabeza un viejo arcón de los recuerdos y dice “la comparsa que me más me gustaba era una que se llamaba -Los Cabezones-, Lingo Herrera tocaba la acordeón, porque antes eran con músicos en vivo” dice, y es ahí cuando se queda mirando el horizonte como si los estuviera viendo, y le viene a la mente esa imagen y se siente niño y sus pantalones se vuelven cortos otra vez, sonríe, solo sonríe como lo hacen los niños cuando son felices.
En los bailes habían orquestas características que tocaban todo tipo de música y estaban las orquestas de tango, aun faltaban muchas décadas, para la aparición de los diyey y de los digital tracks. Para ubicarse en el tiempo, aun no estaba planeada la instalación del arco de Campana que vendría más delante de la radicación de Dalmine Safta (Siderca Tenaris) en 1954. Ejemplo que no escapa de nuestro tema porque en el museo del Anticuario se conserva la pieza del primer corte de tubo realizado en Campana, y en el que tuvo mucho que ver el vecino Nelson Negro.
Con una tarde fría volvemos a nuestra tarea, atrás quedó el rato cálido de un amigo que tiene ese hermosa manía de guardar cosas. Un café y cientos de historias pendientes, una charla y una eterna relación entre el pasado y el presente mientras se cierra la última hoja de la puerta de madera de un viejo zaguán que articula de bisagra con el tiempo.
El Museo del Anticuario puede visitarse los días martes, jueves y domingos de 15.00 a 18.00 horas en Calixto Dellepiane 462 (ex Lavalle).







